Siempre es importante saber cuáles serán
los movimientos de un enemigo de manera a tomar precauciones y a
reforzar áreas débiles, por eso debes preguntarte: ¿Qué haría él para
destruirte? ¿Dónde te atacaría? ¿Cuándo y por qué?. Estas preguntas,
aunque no parezca, tienen mucho que ver a la hora de hablar de la
oración.
¿Qué es la oración?
Orar es la expresión más pura de la
intimidad entre nosotros y nuestro Dios. Orar es una conexión
indescriptible en su sentido más profundo, es el momento en el cual nos
despojamos de las máscaras sociales y desnudamos nuestras almas
totalmente ante Él, es entrar en una hermosa humillación que nos
fortalece, es el momento en el cual percibimos nuestra condición real en
presencia de nuestro Señor (Isaias 6),
es una rendición total en la cual declaramos nuestras debilidades. La
sinceridad es un requisito vital, ahí no hay lugar para trucos e
hipocresías pues nuestro Señor puede observar lo más profundo de
nuestros corazones. En ese momento nos dirigimos al Padre, a través de
Jesús y guiados por el Espíritu Santo. El teólogo Charles Hodge no pudo
resumirlo mejor cuando dijo: “La oración es la conversación del alma con
Dios”. Durante esta conversación podemos adorar, agradecer, confesar,
preguntar y suplicar.
Oración en el Secreto
Para establecer esta comunión o conexión
en su sentido pleno, debemos ir en actitud sincera no pronunciando
palabras fríamente formuladas que en realidad no las sentimos. El Señor
condenó fuertemente todo tipo de vanas repeticiones, debemos apartarnos
de todo buscando un lugar y un momento alejados de distracciones para
elevar nuestras plegarias a nuestro Señor, esto es lo que Jesús mismo
nos manifestó en Mateo 6:6 poco antes de enseñarnos el “Padre Nuestro” durante el sermón del monte, cuando dijo:
“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento (habitación), y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto”…,
aquí Jesús no quiso enfatizar un lugar especifico, «aposento o
habitación», sino más bien una actitud espiritual en la cual el
verdadero adorador buscará disminuir las distracciones para fluir con su
Dios en oración. Mateo 6:6 continua diciendo: “y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”,
esto es simple, la oración tiene recompensas. Aquí Jesús no dice cuáles
serán pero sabemos que el Señor nos llena de Él, nos inunda de gozo,
nos fortalece, consuela, guía, y muchas otras cosas más a través de la
comunión con Él.
¿La postura al orar, es importante?,
déjame decirte que en la Biblia observamos a siervos orar en diferentes
posturas: Job en su desgracia oró postrado en la tierra (Job 1:20,21), Moisés se inclinó con la cabeza al suelo (Éxodo 34:8) Salomón oró extendiendo sus manos al cielo (1 Reyes 8:22), lo mismo escribe Pablo a Timoteo en (1 Ti.2:8) “oren en todo lugar levantando manos santas”, Elias oró con su rostro entre sus rodillas (1 Reyes 18:42), Daniel lo hacía arrodillado en dirección a Jerusalén (Daniel 6:10), Jesús al orar por sus discípulos miraba al cielo (Juan 17:1) y en el Getsemaní poco antes de morir estaba orando a su Padre postrado (Mateo 26:39),
durante la parábola del publicano y el fariseo describe a un hombre
sinceramente afligido orando al Señor con la mirada abajo y golpeándose
el pecho (Lucas 18:13). ¿Qué significa todo esto?,
significa que lo importante es la actitud de tu corazón, todos ellos
sabían ante quién estaban. Un cuerpo puede estar postrado o de rodillas
pronunciando las más elocuentes oraciones y poseer al mismo tiempo un
alma erguida en soberbia y rebelde que tan solo está orando consigo
misma, esta era la clase de actitud que Jesús denunciaba de los fariseos
(Mateo 6:5; Lucas 18:11). Un corazón contrito y humillado es algo que el Señor no lo despreciará jamás (Salmo 51:17).
Oración en todo tiempo
Existe también una actitud espiritual la
cual el hijo de Dios pone en marcha cuando ha salido de la intimidad
con su Señor en lo secreto, esta es la actitud en la cual debemos
permanecer durante el andar diario, a ésto es a lo que se le llama: “la
oración en todo tiempo”, es a lo que Pablo apela en la carta a los Efesios 6:18 cuando dice “orando en todo tiempo…”
Orar en todo tiempo incluye los momentos
en el aposento, pero también es estar conscientes de la presencia del
Señor en todo lugar, es estar dispuesto a alzar una oración en cualquier
instante disponible. Déjame ilustrártelo de esta forma: Es estar
parado mirando el cielo y en un momento, con tan solo el pensamiento
decir: “Señor el cielo que has hecho es hermoso»; es caminar por la calle y ver a personas afanadas con este mundo y decir: “te
ruego por ellos, toca sus corazones, solo tú puedes hacerlo, déjame ser
un instrumento para alcanzarlos, dame valentía para predicarles tu
verdad»; también es clamar al estar ante una situación difícil
diciendo: “Señor, ¿qué hago? guíame”, estas oraciones pueden ser hechas
hasta por la cosas más sencillas, por ejemplo, después de orar en
público por los alimentos mientras estamos experimentando la gracia
(regalo inmerecido) del sabor, pues Dios podía haber simplemente creado
materia sin sabor que tenga la simple función de alimentarnos, pero Él
no solo no hizo eso, sino que creó alimentos con sabores para que
también mientras nos alimentamos sintamos placer, ¿alguna vez has
pensado en ésto? y sabiéndolo, incluso mientras masticamos, elevamos
una oración con el pensamiento, diciendo: “Una vez más gracias Señor, esto está delicioso”.
Debemos estar dispuestos a orar ante cualquier cosa y en todo momento, por más mínimo que esto sea.
WC.H. Spurgeon decía:
“Nuestras almas deben estar en tal condición que la oración exclamativa debe ser muy frecuente en nosotros. Sin necesidad de una pausa en el negocio y dejar el mostrador y ponernos de rodillas; el espíritu debe emitir sus peticiones silenciosas, cortas, y rápidas al trono de la gracia. Un cristiano debe llevar el arma de la oración como una espada desenvainada en la mano. Nunca debemos detener nuestras suplicas» (1)
Esto es “orar en todo tiempo” u “orar
sin cesar”, es fácil de comprender, es la conciencia permanente de que
estamos en Su presencia.
Esta es una realidad: Necesitas de un
tiempo en secreto con tu Señor, pero luego la oración en todo tiempo es
la actitud que sigue, incluso tu relación con el pecado cambiará
radicalmente con esta forma de vida.
“De este modo, la vida se convierte en una oración continuamente ascendente: Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Así ponemos nuestras mentes en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:2. (2)
¿Qué sabía Pablo?
Pablo, al igual que todo siervo y sierva que ha servido y servirá alguna vez al Señor de manera diligente, sabía que nuestra fortaleza estaba en la comunión con nuestro Padre,
es por eso el énfasis que él da en sus cartas a la oración. El escribía
de forma recurrente estas ideas: «Oren en todo tiempo», «oren sin
cesar», «yo también estoy orando por ustedes para que crezcan en amor y
conocimiento, para que puedan discernir entre lo bueno y lo malo, y den
frutos que glorifiquen a Señor» (Filipenses 1:9-11).
Él era consciente de que lobos
merodeaban la iglesia y que ésta necesitaba estar velando constantemente
en oración y santidad para poder soportar los ataques.
Ahora pon mucha atención, existen otros
que también saben esto: Estos son los que nos aborrecen con toda la
plenitud de su esencia, estos son los caídos sin perdón (2 Pedro 2:4), aquellos que guiados por Satanás se levantaron en una rebelión contra el Santo (Isaías 14:12-15), son las huestes de maldad (Efesios 6:12), son millares de millares y su líder es también conocido como el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2).
Ellos existen y son reales, saben que nuestra fortaleza está en la
comunión con nuestro Padre, es por esto la dificultad que tienes para
orar, esta es la razón de esos pensamientos que irrumpen en tu mente
como flechas dirigidas cuando buscas en tu aposento conectarte con
nuestro Señor. Aquí está la fuente de aquella culpa que te invade cuando
buscas acercarte a tu Padre, ellos manifiestan la esencia misma de su
líder pues el nombre «Diabolos» o «Diablo» significa el acusador o el tentador,
estos son los que traen tu pasado perdonado al presente para
avergonzarte. Ellos tienen como objetivo cortar tu comunión, alejarte de
la fuente que te fortalece, saben que al hacer esto te vuelves
vulnerable, pues pierdes la guía del Espíritu Santo y renacen tus
antiguas pasiones desordenadas. Tu alma está comprada por Cristo y ya no
la pueden tocar, pero harán todo lo que puedan para que no seas un
elemento productivo para el avance de la obra de nuestro Rey. Como ellos
saben todo esto es por lo cual “No quieren que tu ores”, incluso para
ellos puedes leer la Biblia, solo que no la debes leer orando, la
lectura bíblica sin oración aloja en tu mente simples datos teológicos,
los fariseos que crucificaron a Jesús estaban llenos de ellos, pero la
lectura en comunión impregna en nuestro corazón verdades que nos
llevarán a vivir vidas piadosas.
M.L. Jones escribe:
“Si quiere entender de la naturaleza de Satanás y sus actividades, no vaya a la escoria o la bajeza de la vida. Si realmente quiere conocer algo de Satanás, vaya a ese desierto en el que nuestro Señor pasó 40 días y 40 noches. Esa es la verdadera imagen de Satanás, en la cual lo verás tentando al propio hijo de Dios”.
Si cada siervo a lo largo de la historia
de la redención ha necesitado de la oración ferviente, si el mismo
Jesús siendo totalmente puro también la vio como una necesidad, nosotros
en el presente, que somos quienes llevamos la misión heredada de ellos,
también la necesitamos.
Por eso, ora sin cesar con todas tus
fuerzas, ora en todo tiempo, suplica por tu vida y por la de otros,
persevera, adora, confiesa tus faltas, lucha contra las distracciones de
este mundo, lucha contra tus malos deseos. Esto no es un juego, toma
como ejemplo a Jesús que buscaba a su Padre constantemente e incluso
clavado en el madero no dejaba de clamar y pronunciar sus plegarias.
Establece una dependencia total con el Señor, “No des lugar al Diablo” (Efesios 4:27), y no ignores sus maquinaciones (2 Corintios 2:11).

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