Te hablo a ti







Te hablo a ti que al ver tu propia imagen en un espejo ves a un perdedor, ves a un derrotado, miras todo de ti y no ves nada que pueda agradar a Dios.
Fallas una y otra y otra vez.

Escuchas una palabra en la iglesia te fortaleces, miras al cielo en tu oración y dices que no lo harás más, pero caes nuevamente, frente a esa pantalla, frente a esa persona, frente a esa debilidad, frente a ese pecado, una y otra y vez

Te hablo a ti que le has pedido a Dios con seguridad, con fe, con lágrimas, con desesperación, con decepción, hasta con asco de ti, una y mil veces.

A ti que has ayunado por esa marca que lleva tu espíritu, que has realizado vigilia por esa lucha, soñando que algún día lo vas a dejar, que algún día no caerás, que algún día no tendrás que pasar al frente para que oren por ti... Te hablo a ti para decirte que la realidad es que no lo puedes lograr, no tienes la fuerza y nunca la has tenido... Pero Cristo sí. Él venció todo por lo que tú luchas, el da fuerzas al que esta cansado de luchar y multiplica las fuerzas al que ya perdio la esperanza.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:29:31


Ahora te hablo a ti joven, niña, amigo, hermano, desconocido, no más de esperar en tus lágrimas, no más de esperar en medio de la desesperación, no más de esperar en medio de la agonía... Dios no te ha llamado a eso. El te ha llamado a qué esperes en Él, en su gracia y el te levanta por encima de las nuves de tormenta, te llevará mucho más lejos donde no habrá fatiga, cansancio o decepción al verte en un espejo.


Deja que su gracia sea suficiente para ti, no luches por lo que no puedes vences, deja que el luche por ti, el ya venció, venció por ti y por mi... No te detengas.

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 corintios 12:9

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